“Donde hay un árbol es porque
antes hubo una semilla”, esta frase del saber popular me lleva a
compartir algunas ideas que espero resulten de interés para quienes todos los
días transitan la vida en la búsqueda de experiencias que les permitan
reconocer el sentido de lo que hacen y sobre todo en encontrar la satisfacción
de los esfuerzos hechos en el camino de vida recorrido. Si a veces nos quejamos
del desierto de sentido por el que atraviesa nuestra realidad, es quizá porque
abandonamos nuestro destino en manos de terceros, porque permitimos que otros
nos señalen la ruta que debemos seguir. Este árbol lleno de realidades pero
también de potencialidades, es la expresión de lo que diariamente hacemos para
que sea más o menos frondoso. Esta frase nos invita también a no desfallecer en
la certeza de que nuestros trabajos serán recompensados y que obtendrán los frutos
esperados. Muchas veces creemos que nuestros caminos no conducen a ninguna
parte o que son estériles nuestros intentos, sin embargo no podemos perder la
esperanza en la historia y en los resultados que vendrán más temprano que
tarde.
“La visión es un sueño en acción”
decía Baker en su invitación a no desfallecer en los esfuerzos requeridos para
alcanzar la cima prometida. La fuerza para avanzar en el propósito nace de
adentro de la motivación con la que impulsamos los deseos y el ánimo que le
ponemos a lo que hacemos. Somos responsables de la historia que vamos
construyendo, los demás son inspiración, compañeros de viaje elegidos o
asignados para vivir las experiencias cotidianas que me dicen lo valioso que es
encontrar personas que apoyen nuestros esfuerzos. Cada día tenemos la
responsabilidad de identificar las acciones requeridas para avanzar hacia la
meta, no basta con querer alcanzar algo, es preciso ponernos en marcha y no
desfallecer u olvidarnos de la ruta que debemos transitar. En nuestro caminar
encontramos situaciones o personas que nos distraen de ese camino principal, o
simplemente abandonamos porque nos parece difícil, largo o tortuoso y
preferimos la comodidad que nos ofrecen las tentaciones de una realidad
efímera, pasajera y en ocasiones carente de sentido.
“Ser líderes de sí mismos”
significa que el triunfo no está afuera ni es la consecuencia de hechos
pasados, sino que se trata de una experiencia que vamos construyendo cada día,
que alimentamos con lo que hacemos en lo laboral, lo académico, lo social,
familiar y demás aspectos que constituyen nuestra cotidianidad. Nuestra
historia personal se va tejiendo con lo que hemos sembrado en nuestra vida, se
proyecta al futuro desde la realidad actual, desde nuestras capacidades que nos
llevan a tomar el control de nuestras vidas y a ser artífices de las realidades
que nos corresponde vivir como consecuencia consciente y no como experiencia
derivada de situaciones ajenas.
“Hacer que las cosas pasen”
es una de las grandes invitaciones que
nos hace S. Covey al hablar de proactividad, se trata de aceptar que la
historia está en nuestras manos, que no debemos recurrir a interpretaciones
maniqueas, reduccionistas o esotéricas que nos llevan a encontrar los
responsables de lo que nos pasa en dimensiones que sobrepasan nuestra capacidad
de entendimiento pero a las cuales siempre podemos echar la culpa. Asumir las
riendas de la vida y convertirnos en protagonistas de nuestra propia historia
es la capacidad que tenemos de ampliar nuestro círculo de influencia, de
convertirnos en testimonio vivo de que es posible superar las dificultades y de
intervenir en la realidad que vivimos.
“El hecho de que pueda hacer algo no significa que deba hacerlo” es
una impactante invitación de Dave Marcum que nos obliga a pensar en la razón de
ser de la acción en el sentido de reconocer
que no basta con tener la capacidad sino que es preciso identificar si es
conveniente para nuestro desarrollo personal. En muchas ocasiones navegamos en
el mar de las organizaciones tratando de encontrar algo que nos satisfaga como
profesionales y nos olvidamos que en el proceso es preciso contribuir y dejar
nuestra huella como testimonio que no fue en vano nuestro paso por la historia
compartida. El hecho de contar con los recursos necesarios para adquirir o
hacer algo no nos habilita para justificarlo como adecuado y necesario. En
muchas situaciones de nuestra vida profesional y laboral recurrimos a nuestro
cargo, experiencia, formación o popularidad para demostrar que podemos imponer
nuestro punto de vista, sin embargo sabemos que no es necesariamente lo
correcto.
“Empoderar es reconocer la capacidad que el otro tiene para hacer algo”,
se refiere esta frase a la necesidad de dejar fluir las capacidades de las
personas y reconocer que cada colaborador puede contribuir significativamente
en la consecución de los resultados de la empresa, que es capaz de tomas
decisiones y de asumir las consecuencias de sus actos. Es una manera de ganar
experiencia y autonomía, una forma de capacitar al colaborador para que
desarrolle criterio propio y emerja como un líder capaz de tener una visión
holística de su propio contexto y no sólo un ejecutor de tareas que no
cuestiona sino que obedece.
“Hacer lo correcto aunque resulte difícil” es la invitación que nos
lleva a incorporar los aspectos éticos en la gestión cotidiana de la
organización, reconocer que el camino empresarial está lleno de tentaciones y
de ofrecimientos que no necesariamente llevan al éxito sostenible de la
organización. Lo correcto implica el reconocimiento de la integridad como valor
personal que involucra al equipo de trabajo. El éxito personal no es el
resultado ni el punto de llegada únicamente, incluye un proceso lleno de
dificultades quizá pero que asumió los costos de la legalidad. Los valores son
guías que orientan la acción, son luces que iluminan el camino de la
cotidianidad y que nos conducen a los resultados esperados, no son la meta pero
nos llevan a ella sin atropellar ni descalificar a los demás.
Estas breves reflexiones son una
invitación para que asumamos la realidad que nos correspondió vivir como un
reto, donde somos capaces de interpretar la historia como una consecuencia que
nace de nuestras propias manos y en ellas hemos moldeado las situaciones que
afrontamos cada día. Somos líderes, somos protagonistas y por tanto ejemplo
para quienes ven en nuestra manera de actuar una invitación para entender que
los problemas naturales de la existencia se resuelven desde nuestra propia capacidad
personal y con el apoyo de quienes siempre han estado pendientes de
nosotros.
Contacto:
Tel. (57 1)2 21 67 81. (57) 311 214 3825
BOGOTÁ, COLOMBIA

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